
Manuel, a la izquierda
Acabo de recibir una llamada telefónica. No fue una llamada cualquiera, era de un amigo muy especial que conocí a principios de este año en São Tomé y Príncipe, en África.
Desde que era un niño siempre soñé con pisar África por lo que cuando surgió la oportunidad viajé por 2 semanas.
En los primeros días, cuando me dirigía a la playa de Tamarindos al norte de la isla principal, un grupo de 3 adolescentes me pidió que los levantara mientras yo conducía por su pueblo.
Todos eran buenos chicos y esa tarde estaban buscando un poco de sol y diversión, pero como yo estoy siempre deseoso de saber más, de inmediato comencé a preguntarles sobre sus vidas: lo que hacían, cómo se sentían acerca de su país, cómo estaba trabajando su gobierno para mejorar la vida de la gente…
Hablamos sin parar mientras pasábamos por las oscuras y fangosas carreteras vecinales de São Tomé que comunicaban una playa con otra, y era evidente su frescura e inteligencia, pero noté que había algo especial en uno de ellos, su nombre era Manuel, tenía alrededor de 17 años. Sus modos eran infantiles y maduros al mismo tiempo, y aunque nunca me miró a los ojos mientras hablábamos, se sentía lo suficientemente cómodo como para expresar sus ideas de forma muy consistente.
Pude aprender sobre la vida de Manuel, y no era difícil ver que era una persona trabajadora, porque trabajaba todo el día en las plantaciones y por la noche estudiaba en el colegio. Pero me confesó que era un poco difícil tener algo propio, porque comprar un terreno en São Tomé y Príncipe era muy caro para los locales, ya que tienen muy poco poder adquisitivo. Entonces, me contó que él soñaba con tener una propiedad, donde pudiera cultivar y ganarse la vida vendiendo sus cosechas en el mercado. En ese momento, no fue difícil para mi entender por qué alguien querría vivir de la explotación de los recursos naturales, porque si hubieran visto lo que yo vi, llamarían a ese país un jardín de árboles frutales, donde prácticamente todos los árboles dan frutos no sólo comestibles, sino también deliciosos… En el camino hacia otra playa, nos detuvimos en una pequeña plantación de maíz, donde los chicos cortaron algunas mazorcas de maíz para mi cena. Sentí que ese iba a ser uno de esos días memorables.
A medida que continuaba la conversación, comencé a imaginar su proyecto en mi cabeza, era complicado para mí, no sólo preguntarle cuánto dinero necesitaba y tratar de resolver las cosas allí mismo, me estaba volviendo muy sensible a su causa (*). Pero yo no quería caer en ninguna trampa u ofenderlo con mi oferta y me contuve hasta que sentí que era el momento adecuado.
Así que continué preguntando para comprender mejor cómo podría él poner en práctica sus ideas, básicamente, poniendo a prueba su capacidad de progresar y asegurándome de que él no fuera un charlatán, hasta que llegó con tanta naturalidad que casi parecía que yo le estaba ofreciendo ayuda en el mismo momento en que él la estaba pidiendo.
Sin embargo, le expliqué cuidadosamente, en términos que él pudiera entender, que había proyectos en muchos otros países que habían sido financiados sobre la base de un método creado por Mohamed Yunus llamado micro-crédito. Tuve que traer esto a colación porque era importante dejar claro que no se trataba de caridad, sino de confiar en alguien y financiar una empresa. Yo sentía que él comprendía lo que le estaba diciendo.
Estuvimos de acuerdo en que le enviaría dinero para la propiedad tan pronto como pudiera, después de regresar a casa. Pero tengo que admitir que tenía sentimientos encontrados con respecto al éxito de nuestra operación, por dos razones:
- Yo sabía por experiencia propia que siempre es delicado echar a perder un sistema o sociedad balanceada. Si todos tienen las mismas oportunidades, todo está bien, pero si no es así, los conflictos llegan inmediatamente. Y no se trata de ser correcto o incorrecto, es sólo que los seres humanos somos así
- Me hubiera sentido decepcionado si él hubiera acabado engañándome y lo más importante es que sería muy triste para mí ver a alguien (y yo pensaba en millones de personas que viven en una situación similar) desperdiciar una oportunidad como esta de mejorar su forma de vida, tal vez la oportunidad de su vida
Bueno, con respecto a la primera preocupación, Manuel tuvo que ser muy fuerte y no dejar ir su proyecto. En una llamada anterior me dijo que la mayoría de las personas que conocía en su pueblo se volvieron en su contra cuando se dieron cuenta de que él tenía algo que ellos no tenían: “Ahora sólo tengo amigos de afuera” (de afuera de su pueblo natal), me dijo tristemente. Desde entonces hasta la llamada de hoy (ya han pasado meses sin ningún contacto) tenía miedo de lo que podía haber pasado con él y me decía a mí mismo que había sido una mala decisión. Esto me hizo pensar mucho acerca del tema de “ayudar”. Fueron tiempos de angustia y en algún momento me di cuenta de que una “buena” acción no se define por la intención que se pone en ella, sino por sus resultados: tener este tipo de iniciativas puede ser reconfortante, pero en este caso podría haber terminado en un desastre total.
En cuanto a la segunda pregunta, hoy tuve mi respuesta: Manuel acaba de decirme por teléfono que ahora está cultivando bananas (en São Tomé hay 17 tipos diferentes de bananas), cerdos, pollos y quién sabe qué noticias tendrá para mí la próxima vez que hablemos. ¡También me invitó a regresar el próximo año y disfrutar de su primera cosecha!
Después de una aventura de más de medio año él lo está logrando y me hace sentir muy feliz el haber sido parte de algo tan maravilloso, así que voy a aceptar su invitación y voy a volver pronto para verlo con mis propios ojos. En realidad no sé exactamente cuán grande es su propiedad, creo que tiene alrededor de una hectárea.
Ahora, mirando hacia atrás, debo decir que no vi todo el potencial que tenía esta iniciativa. Yo simplemente estaba dándole una mano a alguien que parecía tener el potencial y la voluntad de hacer algo con su vida. Pero ahora que hago cuentas… recuerdo que me dijo que $100 era suficiente para inscribirse y tener un pequeño pedazo de tierra para cultivar en São Tomé y Príncipe, allí el sistema funciona de tal manera que los ciudadanos necesitan inscribirse en una lista de espera para comprar un terreno estatal. Esa cantidad de dinero es una inversión bastante pequeña si pensamos en lo que puede resultar de ella. Y si él lo hace bien y crea su propia empresa, esto generará puestos de trabajo para otras personas de su pueblo. ¿Cuántas vidas podrían ser beneficiadas algún día con este tipo de arreglos? Y si no lo consigue, ¿la pérdida será tan grande?
Felicitaciones Manuel, estoy seguro de que lo lograrás.
* Hace algunos años leí un libro escrito por el Profesor Jules Pretty titulado “Agri-Cultura”. Gira en torno a proyectos de tipo socio-agrícolas ecológicos que contribuyen al desarrollo de comunidades pero que le permiten a las personas mantener sus estilos de vida y respetar su relación ancestral con la naturaleza y la tierra. Recomiendo esta lectura.

Wow! I hope it works our for Manuel!! Its veryyyy inspirational
thanks!
La verdad es que ideas como estas son geniales, si todos los seres humanos tomaramos iniciativas como estas muchas personas se beneficiarian en el mundo. Es la mejor manera de ayudarnos unos a otros.
Hola Raysa,
Agradezco mucho tu comentario y apoyo.
Es solamente por medio del esfuerzo de personas como tu que este mundo puede cambiar a algo mejor.
Te invito a que te suscribas al blog y sigas participando en el mismo.
Ze
Hola Zé,
Me encantan tus artículos, espero lo mejor para Manuel y que padre que hayas ayudado a alguien sólo por el hecho de dar una mano, es una buena lección leer tu experiencia, cuando encuentre la oportunidad haré algo así.
Saludos!!
Scarlet.